martes, 2 de agosto de 2005

Pote Gallego

¡Ya está bien! Cada vez que estos socialistas llegan al poder vienen con un discurso que parece que lo que se ha producido es un cambio de régimen político, en vez de una alternancia en el poder propia de una democracia. Pretenden anular el pasado inmediato para centrarse en un pasado a la carta y unas reivindicaciones caducas que además no usaron en la campaña electoral. Llegan además con un talante que parece indicar que su llegada al poder se produce por una aplastante mayoría en las urnas, cosa a todas luces falsa. Y en el caso de Galicia aún más.

Emilio Pérez -y por parte de madre- Touriño quiere asumir un glorioso pasado liderado por el "galleguismo cívico y solidario, de la ilustración y del resurgimiento, de los republicanos y de los federalistas". Ésto es simple y llanamente acojonante. Resulta que está diciendo que han llegado al poder los que están en contra de la Constitución, así de claro.

Los republicanos, que por definición no aceptan la definición constitucional de España como Reino, y los federalistas que tampoco aceptan la definición regional de España que hace la Constitución.Así empezaron en el pasado y terminaron dando un golpe de Estado con unas elecciones municipales a las que cambiaron su finalidad legal y forzaron la proclamación de una República, que hay que ver en qué acabó. Aventuras de ése tipo no, gracias.

Si quiere sentirse heredero de un pasado glorioso, no tiene más que heredar el que le entrega el Presidente saliente, responsable, éste sí, de los años más gloriosos de Galicia desde siempre.
Además cuando ésta gente habla del pasado hay que echarse a temblar.Empiezan a mirar al pasado y la impresión que da es que quieren borrar la historia reciente, incluída la constitucional, con lo que nos embarcaremos otra vez en un proceso de construcción y definición del Estado liderado en buena parte por los que no se consideran parte del mismo.

No es nada glorioso el papel que le aguarda en la historia de Galicia y de España a éste tal Sr. Pérez si llega con éstos planteamientos y se olvida, como así parece, que la mitad de los votantes han optado por un partido, que son los más votados y la minoría mayoritaria. No puede olvidarlos y mucho menos gobernar contra ellos. Sería una locura. Y algo tremendamente antidemocrático.